"...el proceso educativo se parece más al vuelo de una mariposa que a la trayectoria de una bala".
Philip Jackson
Luego de un vuelo exitoso, llegar a Rionegro y desplazarse por tierra hasta Medellín, resulta una experiencia muy bella alimentada por la diferencia de los paisajes y el colorido de las casas típicas y los rincones diseñados para que turistas y habitantes experimenten la magia de esta tierra enmarcada en el Valle del Aburrá.
Son las 9 de la noche, tomo el teléfono y llamo a la docente del contacto. Martha Lili responde a mi llamado con una cálida bienvenida y la confirmación de las señales que debo seguir para llegar hasta el colegio. Por la descripción hecha pude deducir que mi día comenzaría más temprano de lo que pensaba y que me esperaba una interesante travesía.
El nuevo día se anunció con lluvia a través de los cristales del tejado. Era hora de comenzar el pequeño viaje; mi destino se encontraba más allá de lo que inicialmente había podido vislumbrar. ¿Se animan a seguir la ruta? Pues bien, les contaré entonces las señales que se quedaron registradas en mi memoria la noche anterior y que debía seguir cuidadosamente: “Mire Ángela, usted va para la vereda que se llama Belén Aguas Frías así que desde donde está, vaya hasta el parque Berrío, busque la ruta de buses que la lleve hasta allí. El bus la lleva hasta un paradero en Belén Aguas frías. Ahí no se baja. Le dice al conductor que la lleve hasta la virgen. Si le dice que no usted dígale que le dijeron que la llevaría hasta allá y no se baje. Cuando llegue a la virgen se baja, camina derecho unos diez minutos y ahí encuentra la escuela” Espero que el posible entusiasmo que esta travesía haya podido despertar, no se vea disminuído por la ruta que acabo de presentar y que puedan llegar hasta la escuela sin dificultad.
Seguía lloviendo cuando salí del hotel y ante la promesa marcada por el color de la mañana comencé a caminar sin paraguas por las calles hacia el parque Berrio. Llegué sin mucho inconveniente pero no vi las busetas anunciadas. Preferí tomar un taxi para evitar los inconvenientes que me generara el desconocimiento de la ruta y la lluvia que se mostraba amenazante. Don Gonzalo fue el elegido y comenzó el recorrido conversando y contando historias de la vida y de lo ignorante que le resultan las personas empeñadas en querer saberlo todo.
Debo decir que si bien la conversación con el señor conductor me resultaba muy amena, la profe Martha Lili omitió detalles como por ejemplo, que había varias virgencitas en la ruta, que era un trayecto empinado y que al llegar a la mencionada virgen de la historia, derecho significaba dar vuelta a la izquierda para avanzar en marcha forzada por una calle empinada que se perdía en una curva hasta lo que parecía ser la escuela. “Siga el enrielado” –dijo una amable habitante del sector- pero aún no tengo idea de a dónde nos hubiese conducido tal camino pues la escuela se encontraba justo antes de tomar aquella ruta.
Recorrí el paisaje que me llevaría a las puertas de un lugar suspendido en la montaña. Don Gonzalo se despidió recordándome que si necesitaba algo no dudara en llamarlo
La neblina desdibujó la distancia que se delineaba con fuerza en la panorámica de una Medellín distante y la llovizna me condujo al patio de la escuela en el que se encontraban sentadas tres mujeres conversando agradablemente. Una de ellas me acompañó hasta la sala de profesores en donde la profe Martha Lili se encargó de darme la bienvenida oficial y presentarme al equipo de trabajo.
Me disponía a dar inicio a la conversa cuando advertí que se encontraban en medio de una reunión con una funcionaria de alguna entidad territorial quien les estaba presentando unas pruebas que deberían ser aplicadas a cada uno de los niños de la institución para determinar el nivel de maltrato y los posibles casos de abusoen los estudiantes.
Las profes prestaron mucha atención y solucionaron inquietudes relacionadas con las implicaciones que esta actividad traería ante todo con las familias de los niños. La funcionaria que llevaba mi nombre, ofreció su respaldo y se comprometió con ellas a sensibilizar a los padres y conversar acera de la importancia de tratar a tiempo estos hechos.
Enfrentaban entonces misiones paralelas aquel día: responder al reto de la funcionaria y al mismo tiempo o casi, al proceso de documentación que mi visita les planteaba. “¿Quiere un tintico Ángela María?”. Dije si mientras continuaba escuchando a la funcionaria presentarles la estructura de la prueba diagnóstica, ejercicio que encontré muy interesante dado el contexto en el que la escuela se encontraba y las características de algunos de los niños que las profes describían.
Con buena disposición dieron inicio a las dos tareas sin problema. La profe Martha Lili me invitó a recorrer la escuela; me contó que no había rector porque Beatriz, la persona que hasta hace unos días se desempeñaba en este rol, acababa de ser trasladada. Tampoco había coordinador por la cantidad de estudiantes de la sede. Por tan importantes razones, ella se convirtió en mi interlocutora principal dada la propiedad con la que hablaba de los procesos y el reconocimiento de sus compañeras a su liderazgo. La seguí con el tintico en la mano y con la expectativa inmensa alimentada por los referentes que tenía sobre la experiencia en aquella institución.
Terminando el recorrido ingresamos al aula en la que los chicos de quinto grado adelantan un proyecto para Medellín digital. Concentrados en sus portátiles que no precisamente son los del modelo uno a uno, los estudiantes descargan videos, imágenes y recursos que les servirán en el desarrollo de su tarea.
“Siga Ángela María a mi salón y de una vez converse con los estudiantes. No hay mayor evidencia del trabajo que lo que ellos puedan contarle así que pregúnteles lo que quiera y ustedes muchachos, saluden. Buenos días dijeron algunas y ella los invitó a saludar nuevamente pe
ro esta vez en inglés. Era para ellos un ejercicio natural y recordé que la institución tenía un énfasis no solo en tecnología sino en el aprendizaje de este idioma”.
Al principio los muchachos se mostraron bastante tímidos y cuando Martha Lili reorientó las preguntas para que recordaran lo que ya habían estado conversando al respecto, se mostraron bastante inquietos y concentrados aún en las pantallas de los portátiles: estaban trabajando con portátiles normales proporcionados por el programa Medellín digital y respondían a uno de los compromisos del proyecto. “Cierren pues muchachos esos portátiles si ya guardaron la música o lo que estaban descargando para la actividad y pónganle mucho cuidado a Ángela María que viene desde el Ministerio para que ustedes le cuenten cómo les ha ido con las laptop”.
Me dirijo a la oficina de la rectoría a poner por escrito lo que he observado. Mientras diligencio algunos de los formatos registrando la información, las docentes se congregan en la oficina de la rectoría para mostrarme las evidencias del trabajo realizado hasta el momento y preguntar qué les hace falta. Observo algunas presentaciones que dejan ver el registro de una serie de actividades (algunas sin una relación puntualmente establecida con el XO) y fotografías obtenidas durante el desarrollo de las actividades. Hago algunas preguntas relacionadas con las intenciones y la relación de las actividades con la laptop y prometen hacer los ajustes pertinentes para el día siguiente porque, según algunas de ellas, hay mucha evidencia fotográfica de los procesos desarrollados.
Martha Lilí me encuentra pronto una compañera de ruta; se trata de la profe Claudia, encargada del segundo grado, quien se une a mi caminata hasta el paradero de las busetas de la ruta 79. Mientras caminamos es posible percibir el gusto de la docente por trabajar en un lugar tan apartado y tranquilo y con una población como la que tiene a cargo. Valoramos juntas los paisajes y empezamos a conversar un poco sobre su impresión de la experiencia de inclusión de un computador en por niño en el aula. Ella manifiesta su preocupación ante las circunstancias de los últimos tiempos. Me cuenta que al principio la motivación era muy grande pero que poco a poco ha disminuido debido a las dificultades que se presentan con los equipos, la falta de orientación, de acompañamiento, de apoyo para el buen desarrollo de la experiencia. En su salón se encuentra el Mímio, tablero digital que en algún tiempo utilizó con gusto pero cuyo uso se redujo significativamente cuando este fue configurado en inglés por disposición de las directivas de la Fundación y en vista de que es idioma que ella no domina y que a pesar de promoverse en la institución no alcanza el nivel de apropiación básica necesaria para hacer uso de la herramienta en esas condiciones, se suspendió el trabajo con el tablero. Manifiesta que hace poco volvieron a configurarlo en español pero que le tomaría tiempo reconstruir lo que venía haciendo con este recurso en el aula.
El recorrido por las instal
aciones nos tomó unos 15 minutos, tiempo en el que fue posible observar escenas de niños haciendo uso de las XO en diferentes formas: dibujando, escribiendo o jugando. En un espacio pequeño es posible encontrar tecnologías diversas como la que proporciona computadores para educar, Medellín digital, el tablero digital, que no logré ver en funcionamiento durante los dos días de la visita, y las XO que era posible ver sobre pupitres, entre maletas, en las ventanas como un elemento muy cotidiano para ellos pero en algunos casos con señales de olvido y desinterés por parte de sus dueños.
Terminando el recorrido ingresamos al aula en la que los chicos de quinto grado adelantan un proyecto para Medellín digital. Concentrados en sus portátiles que no precisamente son los del modelo uno a uno, los estudiantes descargan videos, imágenes y recursos que les servirán en el desarrollo de su tarea.
“Siga Ángela María a mi salón y de una vez converse con los estudiantes. No hay mayor evidencia del trabajo que lo que ellos puedan contarle así que pregúnteles lo que quiera y ustedes muchachos, saluden. Buenos días dijeron algunas y ella los invitó a saludar nuevamente pe
Al principio los muchachos se mostraron bastante tímidos y cuando Martha Lili reorientó las preguntas para que recordaran lo que ya habían estado conversando al respecto, se mostraron bastante inquietos y concentrados aún en las pantallas de los portátiles: estaban trabajando con portátiles normales proporcionados por el programa Medellín digital y respondían a uno de los compromisos del proyecto. “Cierren pues muchachos esos portátiles si ya guardaron la música o lo que estaban descargando para la actividad y pónganle mucho cuidado a Ángela María que viene desde el Ministerio para que ustedes le cuenten cómo les ha ido con las laptop”.
Las laptop… Así las llaman, así las conocen y así se refieren a ellas cada vez que van a contar algo.
Las expresiones dieron paso manifestaciones de malestar a través de afirmaciones como: “vea es que esas laptop son muy lentas”
, “se bloquean todo el tiempo”, “ya no le funciona Internet en la casa” “la flechita se enloquece y no nos deja trabajar” “yo estuve trabajando en OO4 kids y no me deja guardar el trabajo que hice; tampoco me lo deja abrir en power point”. A través de sus palabras se hace posible el reconocimiento y la apropiación de algunas aplicaciones, lo que les permite afirmar que ahora no están funcionando como al inicio y que algunas de las que ya reconocen presentan dificultades importantes.
Las expresiones dieron paso manifestaciones de malestar a través de afirmaciones como: “vea es que esas laptop son muy lentas”
Poco a poco fueron perdiendo la prevención que impuso la visita de un personaje ajeno a su contexto y dejaron ver lo mucho que les había motivado la llegada de las computadoras en un primer momento: el hecho de llevarlas a la casa les dio la oportunidad de interactuar en otra forma con su familia, enseñándoles el uso básico y algunos truquitos para navegar en Internet, abrir un correo para comunicarse mejor con los familiares lejanos, buscar información o divertirse escuchando música, viendo videos o jugando. “Yo le enseñé a mi abuelito”…dijo uno de ellos bastante entusiasmado…”pero ahora no sirve Internet en la casa”. Dijeron que, al parecer, se habían robado unos cables de las antenas (refiriéndose a las antenas que proporcionan conectividad y que fueron distribuidas por la vereda teniendo en cuenta los lugares de mayor concentración de estudiantes).
Entre sus historias se destacan las actuales restricciones para ingresar a Internet porque, según ellos, por culpa de algunos adultos que accedieron a páginas porno, les bloquearon el acceso a páginas como facebook, hecho que parecía perturbarlos bastante. Algunos reflexionaron sobre las otras razones, esas que dicen que aún no se comportan responsablemente y estaban permitiendo que personas extrañas interactuaran con ellos sin pensar en los peligros de hacerlo, fueron expuestas sin recibir mucho eco. La forma en que hablaron sobre los riesgos de abuso y de maldad a través de la red, me permite deducir que, las estrategias de prevención asumidas por la institución, tienen un carácter mucho más restrictivo que preventivo, lo que me resulta un tanto inconveniente cuando pienso en la importancia de fortalecer en los chicos el sentido crítico y la responsabilidad en el uso de la información.
Solicito a los niños que, dada su experiencia y el privilegio que tienen al ser de los primeros en el país con la oportunidad de hacer uso de uno computador en el aula, unos consejos para otros niños y actores de proyectos de inclusión de computadores en la clase. Ellos aconsejan lo hacen de manera precisa, refiriéndose a acciones puntuales en relación con los cuidados y el buen uso tanto de la máquina como de los recursos TIC, en especial, de Internet.
Antes de continuar con la visita a las otras aulas y resistiéndome un poco a creer que una iniciativa como esta estu
viera llegando a su final, me reuní con las madres de familia que atendieron el llamado. Ellas (sobre todo una de las tres) expresaron en pocas palabras lo mucho que se habían motivado sus hijos con la llegada de las laptop y la posibilidad que las máquinas habían dado de acceder a información y en algunos casos, de servir oportunamente a la hora de hacer trabajos para cumplir con los estudios que algunas de ellas estaban realizando.
Lamentaron que en la actualidad muchas de las laptop no estén funcionando adecuadamente como es el caso de aquellas cuya cámara ya no sirve, o las que no permiten conectarse a Internet, o presentan restricciones de acceso a este recurso. “Los niños estaban muy contentos y les gustaba legar a la casa, hacer las tareas, jugar, buscar cosas en Internet. Hasta le enseñaban a uno” dijo una de ellas mientras las demás confirmaban sus palabras con expresiones y gestos que también dejaron ver la inconformidad y algo de insatisfacción frente a la situación actual del proyecto.
Finalizada la entrevista con las madres, retomo las visitas a los otros grados que hacen parte de la experiencia; sigo encontrando descontento y señales en los estudiantes que confirman la existencia de problemas y fallas no atendidas de manera precisa. Percibo el sentimiento propio que se experimenta cuando se pierde interés por un juguete, aunque debo decir que en los grados de los estudiantes más pequeños, como es el caso de los grados cuarto y segundo, se mantiene la expectativa en alguna forma, alimentada quizá por los desafíos que proponen maestras como la profe Bernarda quien invita a sus estudiantes a representar escenarios cotidianos y ecosistemas haciendo uso de la herramienta favorita, y al parecer la que se ha trabajado con mayor intensidad, Scratch. No hay aula de clase en donde no la mencionen ni trabajo que desafíe las características similares evidentes en todos los que pude visualizar desde segundo hasta quinto: Imágenes importadas y ubicadas en un escenario o paisaje que presentan movimiento o algún tipo de animación dada con el programa mencionado. Paso por las aulas conversando con los estudiantes mientras ellos buscan en sus diarios (componente de XO que permite ver el registro de las cosas que se han hecho), los trabajos que han desarrollado y otros intentan nuevas creaciones en el momento haciendo uso de las actividades del XO que mejor conocen.
Finalizada la entrevista con las madres, retomo las visitas a los otros grados que hacen parte de la experiencia; sigo encontrando descontento y señales en los estudiantes que confirman la existencia de problemas y fallas no atendidas de manera precisa. Percibo el sentimiento propio que se experimenta cuando se pierde interés por un juguete, aunque debo decir que en los grados de los estudiantes más pequeños, como es el caso de los grados cuarto y segundo, se mantiene la expectativa en alguna forma, alimentada quizá por los desafíos que proponen maestras como la profe Bernarda quien invita a sus estudiantes a representar escenarios cotidianos y ecosistemas haciendo uso de la herramienta favorita, y al parecer la que se ha trabajado con mayor intensidad, Scratch. No hay aula de clase en donde no la mencionen ni trabajo que desafíe las características similares evidentes en todos los que pude visualizar desde segundo hasta quinto: Imágenes importadas y ubicadas en un escenario o paisaje que presentan movimiento o algún tipo de animación dada con el programa mencionado. Paso por las aulas conversando con los estudiantes mientras ellos buscan en sus diarios (componente de XO que permite ver el registro de las cosas que se han hecho), los trabajos que han desarrollado y otros intentan nuevas creaciones en el momento haciendo uso de las actividades del XO que mejor conocen.
Me dirijo a la oficina de la rectoría a poner por escrito lo que he observado. Mientras diligencio algunos de los formatos registrando la información, las docentes se congregan en la oficina de la rectoría para mostrarme las evidencias del trabajo realizado hasta el momento y preguntar qué les hace falta. Observo algunas presentaciones que dejan ver el registro de una serie de actividades (algunas sin una relación puntualmente establecida con el XO) y fotografías obtenidas durante el desarrollo de las actividades. Hago algunas preguntas relacionadas con las intenciones y la relación de las actividades con la laptop y prometen hacer los ajustes pertinentes para el día siguiente porque, según algunas de ellas, hay mucha evidencia fotográfica de los procesos desarrollados.
La mañana llega a su fin en aquella escuela llena de matices. Las docentes se despiden recordándome que al día siguiente llevarán todas las evidencias de su trabajo y completarán los informes que van a presentar. Recojo mis pertinencias y me dispongo a salir recordando los pasos necesarios para llegar hasta mi lugar de alojamiento en el centro de la muy poblada Medellín.
Martha Lilí me encuentra pronto una compañera de ruta; se trata de la profe Claudia, encargada del segundo grado, quien se une a mi caminata hasta el paradero de las busetas de la ruta 79. Mientras caminamos es posible percibir el gusto de la docente por trabajar en un lugar tan apartado y tranquilo y con una población como la que tiene a cargo. Valoramos juntas los paisajes y empezamos a conversar un poco sobre su impresión de la experiencia de inclusión de un computador en por niño en el aula. Ella manifiesta su preocupación ante las circunstancias de los últimos tiempos. Me cuenta que al principio la motivación era muy grande pero que poco a poco ha disminuido debido a las dificultades que se presentan con los equipos, la falta de orientación, de acompañamiento, de apoyo para el buen desarrollo de la experiencia. En su salón se encuentra el Mímio, tablero digital que en algún tiempo utilizó con gusto pero cuyo uso se redujo significativamente cuando este fue configurado en inglés por disposición de las directivas de la Fundación y en vista de que es idioma que ella no domina y que a pesar de promoverse en la institución no alcanza el nivel de apropiación básica necesaria para hacer uso de la herramienta en esas condiciones, se suspendió el trabajo con el tablero. Manifiesta que hace poco volvieron a configurarlo en español pero que le tomaría tiempo reconstruir lo que venía haciendo con este recurso en el aula.
Mientras recorremos el camino de regreso a Medellín, ella me dice que la experiencia ha perdido fuerza y habla de la desmotivación de los estudiantes, de las dificultades pa
ra apropiar la herramienta e incorporarla en los planes y el currículo, de la sobre expectativa que se ha generado y de las consecuencias académicas que acarrea el trabajar repetitivamente sobre lo mismo ante la falta de orientaciones mucho más precisas.
La profesora Claudia se despide de mi en un punto desconocido de la ciudad y yo continúo disfrutando a través de la ventana del paisaje propio de una ciudad surcada por los rieles del metro y con muchas facilidades de transporte y movilización en la que la gente camina pausadamente y tiene tiempo de sonreír y conversar tranquilamente con su ya reconocido tono cantado y las expresiones propias de su contexto.